El asesinato de la estudiante de enfermería, Keyla Patricia Martínez Rodríguez hace más de cinco años se ha convertido un símbolo de lucha por la justicia y los derechos humanos en Honduras, su madre Norma Rodríguez es la principal abanderada para que se haga justicia y afirmó que no descansará hasta que todos los responsables por la muerte de su hija sean puestos frente a la justicia hondureña.
La madrugada del 7 de febrero de 2021 cambió para siempre la historia de una familia hondureña y marcó uno de los casos más emblemáticos de los últimos años en la búsqueda de justicia.
Keyla Martínez, una joven estudiante de enfermería de 26 años, fue detenida y trasladada a la Unidad Departamental Policial Número 10, en La Esperanza, Intibucá, horas después apareció muerta dentro de una celda policial, lo que inicialmente fue presentado como un supuesto suicidio comenzó rápidamente a generar dudas, indignación y reclamos de justicia.
La noticia de su muerte dentro de una posta policial recorrió rápidamente el país, mientras familiares, organizaciones de derechos humanos y ciudadanos exigían respuestas sobre lo ocurrido dentro de una instalación estatal donde la joven se encontraba bajo custodia policial y desde donde señalaron que la joven se había suicidado.
Las investigaciones posteriores revelaron elementos que contradijeron la versión inicial. Los informes forenses establecieron que la causa de muerte fue asfixia mecánica, un hallazgo que transformó por completo el rumbo del caso y abrió la puerta a un proceso penal contra agentes policiales involucrados en los hechos.
Mientras el expediente avanzaba en los tribunales, una mujer se convirtió en el rostro más visible de la lucha por justicia: Norma Rodríguez, madre de Keyla, quien durante estos cinco años ha recorrió medios de comunicación, ha realizado plantones y acudió a cada audiencia con la convicción de que la muerte de su hija no podía quedar impune.

Jarol Perdomo
La investigación condujo a procesos judiciales contra el agente policial Jarol Rolando Perdomo Sarmiento. El Ministerio Público sostuvo que existían elementos para acreditar responsabilidades penales y el caso fue elevado a juicio oral y público. La Fiscalía defendió la tesis de que la muerte de Keyla debía ser analizada bajo una figura más grave que la inicialmente reconocida por los tribunales.
Sin embargo, el desarrollo del proceso judicial estuvo acompañado de controversias, cuestionamientos y constantes reclamos de la familia de la víctima. Para doña Norma la justicia seguía incompleta ya que imputaron a una persona, donde tenía que ser a todos los que estaban ese día a cargo de la posta policial.
En múltiples ocasiones ha expresado que no todos los responsables habían sido investigados y que aún existían interrogantes sobre lo ocurrido aquella madrugada en la posta policial de La Esperanza.
Denunció que el agente nunca estuvo preso en una cárcel del país, él fue resguardado por los mismos agentes policiales en un lugar de la misma institución donde estuvo dos años, posteriormente salió en libertad y “sigue laborando en la Policía, la misma institución le pagó el abogado y son los mismos hondureños quienes están pagando con sus impuestos el sueldo y la defensa de un hombre que debería estar pagando por la muerte de mi hija”, recriminó.
“Mi lucha terminará cuando se haga justicia”
Proceso Digital conversó con doña Norma Rodríguez quien mantiene vivo el dolor de una madre que sigue esperando respuestas de parte de la justicia hondureña.
Por más de cinco años, Norma Rodríguez continúa una batalla que se ha convertido en el motor de su vida: encontrar justicia.
Sentada frente a las cámaras, la madre de la joven estudiante de enfermería no habla únicamente de un expediente judicial, habla de una hija, de sueños truncados y de una familia que cambió para siempre aquella madrugada de febrero de 2021, donde afirmó que ahora su lucha no es por darle justicia a su hija, sino a todas las mujeres que son asesinadas en Honduras.
Su voz se quiebra al recordar a Keyla. En algunos momentos hace pausas para contener las lágrimas, pero retoma el relato con la firmeza de quien se niega a rendirse, aseguró que cada audiencia, cada recurso legal y cada pronunciamiento judicial representan una nueva oportunidad para acercarse a la verdad.
Doña Norma recordó que el camino ha sido largo y desgastante, años de incertidumbre, de la frustración que le han provocado las decisiones judiciales y de la sensación de que todavía existen muchas preguntas sin respuesta.
Hoy inicia la repetición del juicio
El giro más importante llegó en 2026, tras analizar recursos de casación presentados por el Ministerio Público y la acusación privada, la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia determinó que el juicio debía repetirse. Los magistrados concluyeron que existían inconsistencias e irregularidades procesales que hacían necesaria una nueva valoración del expediente.
La resolución anuló la sentencia previa y ordenó que un nuevo tribunal conociera nuevamente el caso, valorando las pruebas, testimonios y peritajes incorporados al proceso.
Posteriormente se confirmó y el nuevo juicio oral y público inició este martes 4 de agosto de 2026 y se extenderá hasta el 20 del mismo mes en los tribunales de Siguatepeque y La Esperanza.
La repetición del proceso representa una nueva oportunidad para que los jueces examinen cada elemento del expediente y emitan una nueva resolución.
Para doña Norma la orden de repetir el juicio le devuelve una esperanza que parecía debilitada, indicó que no se trata únicamente de revisar un proceso judicial, sino de reivindicar la memoria de su hija.
Afirmó que espera que con la repetición del juicio, todo el sistema de justicia se reivindiqué con el caso y que lleve a la justicia a todos los responsables de la muerte de su hija sean identificados y castigados.
“Yo no voy a descansar”, expresó con determinación.
La historia aún no ha terminado. El juicio se repite desde hoy, pero para la familia Martínez Rodríguez la búsqueda de justicia empezó aquella madrugada de febrero de 2021 y continuará hasta encontrar justicia verdadera.



