«Pop andino» y vírgenes kármicas: la argentina La Chola Poblete aterriza en São Paulo

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São Paulo.- La artista argentina La Chola Poblete desembarca este viernes en el Museo de Arte de São Paulo (MASP) con su icónico universo de «pop andino», una propuesta que plantea como un ritual estético para librarse de un «karma» tanto generacional como colonial.

Tras hacer historia como la primera artista queer premiada con una mención honorífica en la Bienal de Venecia, la Chola presenta su primera exhibición individual fuera de su país natal.

En ella, recupera la iconografía de los pueblos del norte de Argentina, Bolivia y Perú, como tejidos tradicionales, cerámicas, y figuras antropomorfas y zoomorfas, pero intervenidas con colores estridentes y rodeados de simbologías populares.

La artista recorre el segundo piso del museo, ocupado en su totalidad por su obra, y observa, con sus lentes oscuros y desde afuera, su propio ritual de liberación.

Algunas piezas las mira con recelo, y cuenta a EFE que recuerda exactamente el proceso emocional que atravesaba al crearlas: un enojo con su trabajo, un enamoramiento exprés o una mem oria de la infancia.

«Cada obra es como un diario íntimo», confiesa.

A través del arte, Poblete confronta sus propios demonios y su identidad frente a un origen nacional que la atraviesa, pero con el que mantiene una distancia crítica y transformadora.

Reivindicar la «Argentina marrón»

Recuerda que, en los inicios, adoptó la figura de la chola como un alter ego y una herramienta para su transición de género, aunque también buscaba «homenajear sus raíces» familiares y a aquellas mujeres que trabajan la tierra, para quienes ese concepto se utilizó históricamente de forma despectiva.

Oriunda de Mendoza, una provincia marcada por la migración boliviana y chilena, se considera orgullosamente parte de esa «Argentina marrón» que desafía el mito centralista de una nación que solo «bajó de los barcos».

En el ámbito artístico, Poblete propone desplazar los conceptos academicistas y los cánones impuestos que carecen de una relación real con las vivencias de los cuerpos latinoamericanos.

Para ella, el arte regional ha dejado de mirar hacia Europa para narrar historias que habían quedado al margen.

«Hace bastantes años que (en el arte) se vienen poniendo sobre la mesa temas que son puramente del lugar de donde vinimos» para repensarnos, manifiesta.

33 vírgenes para sanar un karma

El corazón de la muestra lo componen sus «Vírgenes Cholas», grandes lienzos de base blanca con imágenes religiosas en el centro e iconografías que nacieron de una inquietante profecía familiar.

La serie surge de una anécdota sobre su abuelo materno, quien de niño encontró una figura de una virgen, la rompió y creció bajo la creencia de una maldición que lo llevó a morir electrocutado a los 33 años. «La edad de Cristo», refuerza La Chola.

«Cuando estaba llegando a mis 30 me daba mucho miedo que me sucediera algo por el karma de la virgen», relata la artista, quien decidió crear 33 vírgenes, una por cada año de vida de su abuelo, para cerrar ese ciclo heredado.

Si bien estas deidades conservan la silueta icónica del catolicismo, su entorno estalla en una amalgama de texturas donde la fluidez de la acuarela se encuentra con la crudeza del collage y el trazo directo del fibrón.

Eso, sumado al crisol de guiños a la cultura argentina, elementos fálicos y descargos propios, atenta contra el carácter sagrado de las vírgenes para aportarles una pizca de cotidianeidad y una humanidad mestiza.

En 2024, durante su 60ª edición, la mendocina se sumó al breve listado de artistas argentinos premiados en la Bienal de Venecia, conformado por figuras de la talla de Antonio Berni, Julio Le Parc y León Ferrari. EFE

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