La crisis hídrica que golpea al Distrito Central, capital de Honduras, mantiene en vilo a sus cerca de dos millones de pobladores que rezan para que se abran los cielos y no morir de sed. El pronóstico es demoledor: las dos represas que abastecen la ciudad tienen agua hasta el 23 de agosto, mientras las autoridades aseguran que se necesitan cinco días intensos de lluvia para garantizar el vital líquido en lo que resta del año.
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